13 de mayo de 2012

Cómo se protegen los Juegos Olímpicos

imageLanzamisiles olímpico. LONDRES, Ing.- “La ciudad está ocupada por el Ejército”, dice frente a su ensalada y un vaso de jugo Chris Neneham, un experto antiguerra. En efecto, es difícil pensar que haya hoy en el mundo una ciudad más vigilada que la capital inglesa; ¿la razón? La XXX edición de los Juegos Olímpicos de verano. Con el primer minuto del primero de mayo, y a menos de 100 días de que comience la fiesta deportiva más grande del planeta, arrancó la más impresionante y multimillonaria operación para preservar la seguridad que jamás haya tenido una justa deportiva internacional.


“Las autoridades británicas están obsesionadas y paranoicas con el asunto del terrorismo”, apunta Neneham, cofundador de la organización británica Stop the War Coalition, mientras toma otra porción de ensalada de atún de su plato. Quizá no esté tan equivocado, porque prácticamente sobre nuestras cabezas está colocado equipo militar de alta tecnología. A tan sólo unos metros del pequeño café, ubicado en Fairfield Road, al este de Londres, sobre una torre de tabiques rojos que forma parte de una lujosa zona residencial de nombre Bow Qarter, descansa una bateria de misiles de intercepción HVM Starstreak A5, capaz de derribar un avión o un helicóptero en cuestión de segundos.

Curiosamente, Neneham es vecino de Bow Qarter, una lujosa área residencial que antaño alojaba una de las fábricas más grandes de Londres y que es parte de la historia de la emancipación de la mujer inglesa. En su interior, el sitio cuenta con alberca, gimnasio, spa, tienda, restaurante, bar y guardias de seguridad privada, “algo muy excéntrico para tener en una ciudad como ésta”, dice Neneham, quien tiene 25 años viviendo en esta zona. Según cuenta, hace tan sólo una semana apareció en la puerta una nota del Ministerio de Defensa que les avisaba que ciertos espacios públicos serían ocupados por elementos para la operación “Guardián Olímpico”.

Foto de Brian Whelan que muestra, en la azotea de los departamentos de Bow Quarter, a un uniformado junto a un lanzamisiles.
Foto de Brian Whelan que muestra, en la azotea de los departamentos de Bow Quarter, a un uniformado junto a un lanzamisiles.

LOS NÚMEROS NO CUADRAN

Hace casi seis años, tras ganar la sede para los Juegos Olímpicos, los organizadores solicitaron al Parlamento inglés un presupuesto para seguridad de 282 millones de libras esterlinas (unos seis mil 132 millones de pesos). Sin embargo, el verano pasado el Comité Organizador se dio cuenta de que los cálculos respecto al operativo de seguridad se habían quedado cortos. En concreto, se trataba de que el número de elementos de protección presupuestados para resguardar las 34 sedes olímpicas no era suficiente. Tras llevar a cabo un nuevo cálculo, el comité se dio cuenta de que necesitaba duplicar los 10 mil elementos de seguridad programados y quizá, aun así, no sería suficiente. Con el tiempo encima y bajo una tremenda presión, en diciembre de 2011 el Parlamento aprobó un presupuesto de 553 millones de libras (unos 12 mil millones de pesos).

Tras ser aprobada la millonaria suma, el dilema estaba en dónde encontrar personal que llevara a cabo las tareas de protección. Por un lado estaba la empresa privada ganadora del contrato, G4S, que se ofreció a aportar más elementos, pero a un costo que superaba el nuevo presupuesto; y por el otro, estaba la Policía metropolitana, que dijo no contar con los elementos suficientes para cubrir la demanda de la ciudad y los juegos al mismo tiempo. Fue entonces cuando los organizadores pensaron en el Ejército.
El sistema de misiles Rapier MK2, fue presentado a los medios en Blackheath, al sureste de Londres, el pasado tres de mayo.
El sistema de misiles Rapier MK2, fue presentado a los medios en Blackheath, al sureste de Londres, el pasado tres de mayo. Foto: Carl Court/ AFP
Según la prensa británica, en ese momento se intentó “estirar” lo más posible el número de elementos que se encontraban apostados fuera del país para que un grupo considerable regresara a apoyar la justa veraniega. A regañadientes, el Ministerio de Defensa ofreció al Ministerio del Tesoro —encargado de la logística de los Juegos— de dos a tres mil efectivos que se encontraban apostados principalmente en Afganistán y Libia. “Cada vez que nos reuníamos, el Tesoro quería más y más militares. Incluso llegaron a pedirnos que hiciéramos todo el trabajo”, dijo una fuente al interior del Ejército al diario The Guardian.

Al final se informó que 12 mil policías —incluidos los del servicio secreto del M15—, 13 mil elementos de la empresa privada G4S y 13 mil 500 militares (cuatro mil más de los que se encuentran en Afganistán) serán los encargados de la protección de los más de 10 mil atletas que participarán en los juegos y del público asistente, según dio a conocer el reportero británico Richard Tyler a principios de mayo. Hasta ahora, el balance por concepto de seguridad de los Juegos Olímpicos asciende a más de mil millones de libras esterlinas (unos 21 mil millones de pesos), una cantidad nunca antes vista en un evento de su tipo.

Dos policías patrullan los alrededores del Estadio Olímpico de Londres, el cinco  de mayo pasado.
Dos policías patrullan los alrededores del Estadio Olímpico de Londres, el cinco de mayo pasado. Foto: Karel Prinsloo/ EFE

EQUIPO “SUPERSÓNICO”

El dos de mayo pasado, un día después de arrancada la operación “Guardián Olímpico”, los servicios de emergencia locales de varias comunidades británicas como Cotswolds, Wiltshire y Somerset, recibieron varias llamadas de emergencia por parte de vecinos alarmados que escucharon una fuerte explosión cerca de sus casas. Se trataba del sonido de dos jets supersónicos RAF Typhoon, que por primera vez rompían la barrera del sonido sobre terrirorio británico. Los aviones de combate habían llegado ese mismo día a la base aérea de Northolt, ubicada al suroeste de Londres, para formar parte de los ejercicios militares de los Juegos Olímpicos, llevados a cabo entre el primero y el 10 de mayo.

Durante las acciones de entrenamiento, el Ministerio de Defensa inglés informó que del 27 de julio al 12 de agosto un radio de 48 kilómetros alrededor del estadio olímpico estará totalmente cerrado a los vuelos. Para monitorear que la zona de exclusión se cumpla, la Fuerza Aérea utilizará radares de nueva generación para interceptar cualquier intruso “de inmediato”. Los dos Typhoon y helicóteros tipo Lynx y Puma, los cuales se encuentran ya sobre el HMS Ocean, el buque anfibio de asalto más grande de la Armada Real Británica, serán los encargados de reaccionar ante una posible amenaza.

Por su parte el barco HMS Ocean, el cual ha participado en conflictos armados como el de Irak y en labores humanitarias alrededor del mundo, se encuentra estacionado ya a las orillas del río Támesis. De acuerdo con la cadena británica BBC, esta fortaleza flotante “será la base de francotiradores de la infantería de Marina y estará acompañada de una flotilla de embarcaciones más pequeñas y lanchas patrulleras para lidiar con cualquier amenaza que pueda surgir del río contra los juegos”.

En tierra se sumarán 14 bases de observación y seis posibles locaciones donde se ubicarán los misiles de alta velocidad (HVM, por sus siglas en inglés), entre los que se incluyen los robotizados Rapier Mk2, probados el jueves tres de mayo en Blackheath Common frente a un grupo de reporteros, y los HVM Starstreak A5, colocados en la zona residencial de Bow Qarter, los cuales proveerán “niveles de defensa para objetivos que vuelen más bajo”, para objetivos que sean difíciles de alcanzar por los aviones supersónicos y los helicópteros. Esta será la primera vez que se despliegan misiles en Londres desde la Segunda Guerra Mundial. “Es una exageración”, dice Neneham; “esto no es seguridad sino mostrar el músculo al mundo”.

El buque más grande de la Armada Real Británica, el <i>HMS Ocean</i>, navega por el río Támesis el viernes cuatro de mayo.
El buque más grande de la Armada Real Británica, el HMS Ocean, navega por el río Támesis el viernes cuatro de mayo. Foto: Andy Rain/ EFE

UNA BLANDA FORTALEZA

Habitar Londres es como vivir bajo el ojo del Gran Hermano de George Orwell. Los londinenses saben que por lo menos 300 veces al día son grabados por una red de 40 mil cámaras de circuito cerrado instaladas en toda la ciudad. Según cálculos de la organización inglesa Big Brother Watch, 20 por ciento de los equipo de videovigilancia activos en el mundo se encuentran en este país. “Es imposible dar un paseo sin sentirte vigilado”, dice Leila McMillan, una vecina también de Bow Qarter, una sensación que no escapa al visitante.

Durante un recorrido por los alrededores de las instalaciones olímpicas hecho por M Semanal, la sensación parece duplicarse. Instalado en una vieja área industrial de Stratford City, el Parque Olímpico, de 176 mil 500 metros cuadrados, cuenta con una entrada principal y tres alternas. A primera vista, esta ciudad deportiva se podría considerar una fortaleza, ya que se encuentra completamente rodeada por dos cercas, una de ellas de unos dos metros de alto y la segunda de unos cuatro metros que termina con un gran alambrado electrificado. A cada 50 metros se levanta por encima de la malla un poste con tres o cuatro cámaras y sensores de movimiento.

Sin embargo, a pesar de todas las medidas de seguridad, el pasado cinco de mayo un empleado del estadio olímpico envió un video y fotografías al periódico sensacionalista The Sun, en el que se mostraba la facilidad con la que introdujo una falsa bomba (compuesta de un celular, baterías, un reloj y cables dentro de un molde de plástico) a las instalaciones deportivas una noche antes de que el recinto se inaugurara con la asistencia de 40 mil personas y a 82 días de la gran fiesta de inauguración de los juegos.

Una barca con los aros olímpicos cruza bajo el Puente de las Torres del Támesis el 28 de febrero pasado.
Una barca con los aros olímpicos cruza bajo el Puente de las Torres del Támesis el 28 de febrero pasado. Foto: Andrew Winning /Reuters

VERDADERA PROTECCIÓN

En los departamentos de Bow Quarter la gente piensa igual. La coreógrafa profesional Lila McMillan, de 32 años, dice que desde la semana pasada viene escuchando historias sobre la presencia de elementos castrenses en el edificio. “Incluso escuché que a un vecino que vive justo debajo de la torre le pidieron que se saliera de su departamento”. Se trata de Brian Whelan, un joven reportero que denunció a los medios la presencia de los militares desde el primer día en que llegaron. El también editor de noticias de un famoso sitio de internet grabó un video de los equipos que serían instalados en la parte alta de la torre, y cuestionó en otro a un vocero del Ministerio de Defensa que se presentó en los edificios.

Whelan también tomó una serie de fotografías en donde se aprecia a un uniformado sobre la torre junto al equipo que dispara los misiles de tres dardos. A pesar de un intercambio de correos electrónicos, y la autorización de la publicación de sus imágenes en este semanario, el joven no quiso hablar al respecto. “Escuché que después de que se movió en los medios le pidieron que se saliera de su departamento. No sé si también le pidieron no hablar más”, comentó McMillan.

Si bien el clima en la ciudad no es de estado de sitio y la urbe refleja ya la emoción de los Juegos Olímpicos, en Londres se percibe una constante ansiedad. “Apenas acaba de haber un incidente con una persona que tenía rehenes y estaba aventando cosas por la ventana”, dice Alma Berruecos, una joven de 21 años de la Ciudad de México, y que estudia al sur de la ciudad. “Las autoridades llegaron casi de inmediato y todo se controló. En general la ciudad es segura”, comenta esta chica que participará como voluntaria en el interior del estadio olímpico.“Hasta ahora, en el tema de seguridad la organización nos ha dicho que si vemos algo raro lo reportemos de inmediato”, sostiene.

Antes de terminar su ensalada, Neneham asegura que los Juegos Olímpicos nacieron para celebrar el deporte, la fraternidad —incluso en la Grecia antigua se paraban conflictos durante las fechas en que tenían lugar los encuentros. “Sin duda es necesario aplicar un plan de seguridad”, dice el experto antiguerra, “sin embargo, las autoridades están haciendo esto por el número de personas que han matado en Irak y Afganistán. La verdadera protección en contra del terrorismo está en sacar a nuestras tropas de Afganistán”, finaliza.